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SOUND CAMP 2026: LA CORDILLERA VIBRÓ

Actualizado: hace 5 horas


Crónica de tres días de cultura sound system en el Cajón del Maipo, Chile

Por Dubtronik Sound System / Selector Conciencia


Tres sound systems. ANBESSA HI FI, DUB LIONS y SOLAR SOUND SYSTEM.

Cuatro países.

ARGENTINA , BRASIL, CHILE y PERÚ.

Muchos artistas, más de 20. Cerca de 27 horas de sesión de música.


Pero los números cuentan apenas una parte de lo que ocurrió durante tres días de febrero de 2026 en el corazón de la Cordillera de los Andes.

Para Dubtronik, el Sound Camp comenzó varios días antes del primer tune: fue un viaje familiar, un encuentro entre crews y, finalmente, la experiencia de hacer sonar nuestra selección músical y mezclas dub entre montañas en un festival latinoamericano dedicado a la cultura del sound system.


Antes del sound, la cordillera


Cuatro días antes del comienzo del Sound Camp viajamos desde Buenos Aires a Chile en familia. Desde la ventanilla del avión, la Cordillera de los Andes apareció debajo nuestro como una inmensa sucesión de cumbres, quebradas, roca y nieve.


Del otro lado nos esperaba el hermoso Cajón del Maipo.


Habíamos decidido llegar con tiempo. No queríamos viajar hasta uno de los paisajes más extraordinarios de Chile, tocar durante tres días y volver a casa sin conocer un poco más el territorio que nos estaba recibiendo.


Así que antes de los parlantes estuvieron las montañas.

Antes de los dubplates, los caminos.

Antes del primer subgrave, el agua termal.

Durante esos primeros días recorrimos en auto diferentes lugares del Cajón del Maipo. Visitamos Casa Chocolate

una empresa familiar donde la edificacion del lugar pare salido de un cuento de hadas .Continuamos internándonos en la cordillera hasta Valle de Colina, donde las termas aparecen escalonadas entre enormes paredes de montaña.


Hay algo particular en ese territorio.

Quienes viven o frecuentan el Cajón suelen hablar de su “energía”. Es una palabra subjetiva, difícil de medir y que cada persona interpreta a su manera. Pero detrás de esa percepción existe un paisaje geológicamente excepcional: volcanismo andino, actividad hidrotermal, aguas termales y la presencia del complejo volcánico San José forman parte de la historia profunda de esa región.


Y allí, rodeados de montaña, esa sensación se entiende sin demasiadas explicaciones.

Agua caliente brotando en medio de los Andes.

Viento.

Silencio.

Piedra.

Cielo.

Contemplación.

Familia.

Todavía faltaban varios días para que comenzara el festival, pero retrospectivamente existe una conexión inevitable entre aquellos momentos y lo que vendría después.

Primero sentimos vibrar el territorio.

Después llegarían las torres de sónido.

La noche anterior

La transición entre aquel viaje familiar y el Sound Camp ocurrió la noche anterior al festival, cuando llegamos a Hacienda Licán.

Todavía no había arena de baile.

No había selectors detrás de las bandejas.

No había singjays.

No había público esperando un tune, ni skankers bailando.

Había camiones y vehículos llegando, cajas acústicas, amplificación, racks, cables, bandejas, preamps, mixers, micrófonos, discos y personas descargando con amor y dedicacion.

Hasta las mascotas bajaban de las camionetas!

Tambien unas heladeritas con bebestibles para amenizar la descarga de equipos y las charlas posteriores.


El Sound Camp empezaba realmente allí.

Los diferentes sistemas de sonido fueron llegando y las crews comenzaron a encontrarse.

Cordialidad, predisposición y cooperación.

Hubo charlas.

Brindis.

Buenos humos.

Risas.

Reencuentros.

Conversaciones sobre música y equipos.

Anecdotas.

Y, fundamentalmente, camaradería.

Antes de que sonara un solo bajo ya estaba ocurriendo una de las cosas más importantes del encuentro.

Las crews empezaban a trabajar como una sola, en unidad.


Construir una arena

A la mañana siguiente comenzó el verdadero montaje. Las manos y el cuerpo a la obra.

Los warriors, los que arman y desarman, cargan y descargan, se trepan y bajan, sueldan y dessueldan, conectan y desconectan.

Cavan una zanja y la vuelven a tapar.

Desajustan los tornillos de un altavoz y lo vuelven ajustar ... y así!

BOXMAN!

Colaboradores escenciales y super necesarios .


Compromiso y dedicacion, los no visibles pero que estan en todas, cuando mas se necesita.

Y para comprender la cultura sound system también hay que mirar ese momento.

Porque un sound system no llega armado a un escenario.

Se construye.

Caja por caja.

Cable por cable.

Se levantaron los stacks y comenzaron las conexiones.

Se preparó la amplificación, el procesamiento y cada una de las vías.


Paralelamente fueron tomando forma los Dub corners, los puestos de control desde los cuales se desarrollarían las sesiones: bandejas giradiscos, preamps, mixers, consolas, micrófonos, efectos y cajas de vinilos.

Las fotografías de aquella mañana cuentan una historia que muchas veces queda fuera del encuadre cuando finalmente empieza la música: varias personas sosteniendo una misma caja, alguien conectando un rack, otro revisando cables, otro preparando una bandeja.

No hay glamour ahí.

Hay trabajo.

Y sin ese trabajo no existe el sound.

El espacio comenzó lentamente a transformarse.


Aparecieron para ser colgadas las banderas correspondientes a los cuatro países representados por artistas en el encuentro: Chile, Brasil, Perú y Argentina.

Sobre la arena se extendieron además enormes telas rojas, amarillas y verdes que daban sombra durante el día y transformaban visualmente el lugar.

Los colores de Etiopía.

La referencia Rastafari.

Y debajo de ellos, tres sistemas esperando ser encendidos.

Por unas horas, un rincón del Cajón del Maipo se había convertido en otra cosa.

Una pequeña arena sound system levantada en medio de los Andes.


Primer día: que hablen las cajas

Después de horas de montaje llegó ese instante que quienes construyen y operan sistemas conocen perfectamente.

Se enciende todo.

Una señal atraviesa la cadena.

Suena la primera frecuencia grave.

Se escucha.

Se corrige.

Se vuelve a escuchar.

Hasta que llega un momento en que el sistema deja de ser una pila de componentes electrónicos y madera.

Empieza a hablar.

Durante el primer día los tres sound systems fueron rotando por turnos. Los invitados internacionales nos incorporábamos a la crew del sistema correspondiente y las sesiones comenzaban a circular de un stack al otro.

Ese mecanismo terminó siendo uno de los grandes aciertos del encuentro.

No había una cabina neutral donde simplemente llegaba un DJ, conectaba algo y tocaba.

Había que entrar en el universo de cada sound.

Conocer sus controles.

Escuchar su respuesta.

Entender cómo entregaba el grave.

Y entonces hacer música con él.

Tres sounds. Ningún ganador. Todos Champions¡¡¡

Después de un encuentro así aparece casi inevitablemente una pregunta:

¿Cuál sonó mejor?

La respuesta es sencilla.

Los tres.

Cada uno tenía su personalidad, pero los tres estuvieron a la altura. Prácticamente no hubo una diferencia que importara cuando uno se encontraba parado frente a ellos.

Ninguno falló.

Todos dieron el máximo.

Y eso permitió que ocurriera aquello que constituye la esencia física de esta cultura.

Un verdadero sound system no se escucha solamente con los oídos.

El frente de onda golpea el cuerpo.

El bajo llega al pecho.

Al abdomen.

A las piernas.

Los órganos vibran.

El aire se mueve.

Pero simultáneamente el cerebro está procesando otra frecuencia.

La de las palabras.

Roots reggae, dub y steppers han transportado durante décadas mensajes sobre conciencia, espiritualidad, opresión, justicia, resistencia, África, Rastafari, desigualdad, guerra, paz y amor.

Entonces sucede algo difícil de reproducir en una grabación:

el cuerpo recibe el bajo mientras la mente recibe el mensaje.

Por eso un teléfono puede registrar un sound system.

Pero nunca puede reproducir completamente lo que significa estar delante de uno.


Dubtronik: sonar en los tres sistemas

Para Dubtronik, Selector Conciencia representando el Sound Camp tenía además una misión particular.

Habíamos cruzado los Andes llevando nuestra selección, nuestros vinilos, nuestros dubplates y nuestra manera de trabajar el sonido, mezcla en vivo dub.

Durante los tres días tuve la posibilidad de tocar a través de los tres sistemas, uno diferente cada jornada.

Eso significó mucho más que disponer de buenos equipos para un set.

Un sound system es algo profundamente personal para una crew.

Detrás de esas cajas existen años de construcción, inversión, pruebas, errores y aprendizaje.

Que otra crew te abra sus controles implica confianza.

Por eso queda un agradecimiento enorme hacia todos.

Por la invitación.

Por el respeto.

Por el espacio.

Y por permitir que Dubtronik sonara a través de cada uno de esos sistemas.

Hubo selección en vinilo.

Hubo dubplates.

Hubo mezcla dub en vivo.

Y hubo voces de reconocidos artistas jamaicanos atravesando sistemas sudamericanos en medio de la cordillera chilena.

Entre aquellos momentos apareció un dubplate particularmente significativo:

“Rastafari Army”, de Brother Culture.

Escucharlo allí produjo una de esas sensaciones difíciles de explicar.

Durante años uno construye un proyecto.

Busca discos.

Graba artistas.

Arma sesiones.

Repara equipos.

Transporta cajas.

Conecta cables.

Desconecta cables.

Viaja.

Y un día se encuentra en otro país, rodeado por los Andes, dubbeando un dubplate mientras una enorme masa de aire empujada por los parlantes hace vibrar el cuerpo.

Hay momentos en los que todo ese recorrido parece encontrar una explicación.

Ese fue uno.


Cuando cayó la noche

Si durante el día el paisaje dominaba visualmente el Sound Camp, durante la noche la relación se invertía.

La montaña desaparecía parcialmente en la oscuridad.

Las torres quedaban iluminadas.

Y el sonido pasaba a ocuparlo todo.

Roots.

Dub.

Steppers.

Mantras.

Bajo.

Mucho baile.

Reunion de skankers incansables magnetizados delante de los stacks.

Pero quizá lo más extraordinario sucedía cuando uno abandonaba la arena.

Caminabas unos metros y el sound continuaba ahí.

Seguías alejándote y continuaba ahí.

A gran distancia, durante la noche, la percepción era que la música se proyectaba entre las montañas y regresaba todavía más grande.

No hace falta convertir esa sensación en una explicación acústica que no medimos.

Simplemente así se sentía.

Y después llegaba la hora de dormir, si es que el cansancio de ganaba.

Carpa.

Cabaña.

Cama.

Silencio interior.

Pero afuera el sound continuaba.

Y desde la cama parecía que el sistema estuviera dentro del mismo ambiente.

El bajo llegaba desde lejos como un pulso.

Constante.

Profundo.

Una especie de respiración nocturna del campamento.


El clima, además, acompañó durante todo el encuentro. Las tres jornadas.

Parecíamos bendecidos por esas noches y esos dias soleados que ameritaban al chapuzón en un hermoso punto de encuentro del festival...la piscina!!


Unos metros fuera de la pista

Sin embargo, uno de los recuerdos más fuertes de todo el Sound Camp ocurrió lejos de los controles.

Apenas unos metros fuera de la arena.

El sistema seguía sonando.

Estábamos mi mujer Verónica, mi hija Alma y yo.

Nos abrazamos.

Bailamos.

Nos reímos.

Y miramos las estrellas.

Nada extraordinario ocurrió desde afuera.

No hubo un artista famoso apareciendo de sorpresa.

No cayó ningún tune histórico.

No hubo ningún efecto especial.

Éramos simplemente una familia abrazada bajo un cielo de montaña mientras a unos metros seguía sonando un sound system.

Pero existen instantes que uno sabe inmediatamente que va a recordar.

Ese fue uno.

Risas. Música. Estrellas. Y mucho, pero mucho amor.

Probablemente ninguna fotografía pueda registrar exactamente aquella sensación.

Y quizá por eso sea una de las imágenes más importantes que quedaron del viaje.


El Sound Camp también sucedía cuando no sonaba música

Durante los tres días hubo encuentros con referentes y compañeros de la cultura reggae , sound system y hip hop chilena.

DJ Pi, Chizpa, Boomer, Tomy Di MC, Carlitos aka Godman Production, Maxi asher

y muchos más colegas, conocidos de años y que tuve el honor de compartir por primera vez.

Conocer a Dani Pimenta gran activista y exelente selectora de la cultura sound system fue una beleza como dirian en Brasil.

Lo mismo para con Nuna Dub del Perú.

Algunas conversaciones fueron largas.

Otras fueron simplemente un saludo.

Pero allí estaba otra parte esencial de la experiencia.

Personas cuyos nombres uno conocía por sesiones, música, flyers o amigos aparecían finalmente delante nuestro.

Ya no era una red digital.

Era una red humana.

Lo mismo sucedía alrededor de la comida.

Uno de los hermanos de los organizadores estuvo a cargo de la cocina y la atención fue excelente.

Puede parecer un detalle menor en una crónica musical.

No lo es.

Cuando cientos de personas conviven durante varios días, la organización no consiste únicamente en contratar artistas y conectar parlantes.

Hay que alimentar.

Alojar.

Resolver.

Cuidar.

Dar sombra.

Mantener espacios.

Ayudar.

Coordinar.

Ese trabajo invisible sostiene todo lo demás.


“Sonidos de Liberación”

Entre las muchas músicas escuchadas durante aquellos días me quedó especialmente grabada ... como repitiendose en mi cabeza “Sonidos de Liberación”, de Kutral Dub y Tomy Di MC, que se escucho en diferentes formatos...su vinyl 7" de Warrior Visión records y un dubplate para Solar Sound System que detonó la pista.. un track "llamador" para que los skankers se motiven.. y que recomienta tengan todos los selectors .

Y como frutilla del postre , el mismisimo Tomy Di pon de mic tirando la versión en vivo y directo.

Hasta el título parecía apropiado para el lugar.

Porque durante tres días se había construido algo parecido a eso.

Un pequeño territorio temporal organizado alrededor de la música.

Comer.

Conversar.

Escuchar.

Bailar.

Dormir.

Despertarse y volver a escuchar.

Compartir equipos.

Compartir discos.

Compartir conocimiento.

No hacía falta demasiado más.

Encuentro y comunión.

Confraternidad.

Sound system sin fronteras

Chile.

Brasil.

Perú.

Argentina.

Cuatro países aparecían representados en las banderas y en el line-up.

Pero durante el encuentro esas fronteras fueron perdiendo importancia.

Cada invitado terminó incorporándose momentáneamente a la crew del sound en el que estaba tocando.

Y allí aparece una enseñanza muy antigua de esta cultura.

Un cable no tiene nacionalidad.

Una caja que hay que levantar tampoco.

Un riddim no necesita pasaporte.

La música jamaicana recorrió miles de kilómetros durante décadas precisamente porque diferentes comunidades la tomaron, la respetaron y construyeron alrededor de ella sus propias escenas.

Hoy Sudamérica está escribiendo también esa historia.

Con enormes distancias.

Con economías difíciles.

Con equipos muchas veces construidos artesanalmente.

Con componentes difíciles de conseguir.

Con crews que cargan sus propias cajas.

Con productores.

Selectores.

MCs.

Cantantes.

Operadores.

Y público.

El Sound Camp mostró durante tres días una pequeña fotografía de esa red continental, y sin dudarlo puedo afirmar que bien al sur de sudamerica es un proyecto que ayuda y potencia el crecimiento de la cultura por estas tierras.


La cultura que existe detrás de las cajas

Desde afuera puede parecer simplemente una enorme pared de parlantes.

Pero un sound system es mucho más.

Es carpintería.

Electrónica.

Acústica.

Música.

Coleccionismo.

Producción.

Historia.

Diseño.

Logística.

Trabajo físico.

Conocimiento transmitido entre generaciones.

Y comunidad.

Quizás por eso esta cultura sobrevivió desde Jamaica hasta nuestros días.

Porque no depende exclusivamente de una industria.

Puede aparecer allí donde un grupo de personas decide construirla.

En Kingston.

En Londres.

En São Paulo.

En Lima.

En Santiago.

En Buenos Aires.

O durante tres días en un valle rodeado por la Cordillera de los Andes.

El domingo

Finalmente llegó el último día.

Y todo aquello que durante tres jornadas había parecido permanente empezó a desaparecer.

Se guardaron discos.

Se apagaron amplificadores.

Se desconectaron cables.

Los dub corners comenzaron a desmontarse.

Las enormes torres volvieron a convertirse en cajas individuales.

Otra vez aparecieron brazos cargando peso.

Otra vez herramientas.

Otra vez vehículos.

Otra vez los warriors .. los mas valorados por las crews, los que dan todo hasta que se guardan en sus lugares de almacenaje los sistemas de sonido.

Un sound system tiene algo extraordinario en ese sentido.

Es arquitectura efímera.

Se construye.

Transforma un lugar.

Genera una comunidad alrededor suyo.

Y después desaparece.

La montaña quedó donde siempre había estado.

Nosotros comenzamos el regreso.

Volver

Al mirar ahora todas las fotografías, el viaje parece adquirir una estructura que quizás no percibíamos mientras sucedía.

Primero está la Cordillera de los Andes vista desde el avión.

Después el Cajón del Maipo.

Los caminos.

Casa Chocolate.

Valle de Colina.

Las aguas termales.

La familia.

Luego aparece Hacienda Licán.

Los sistemas todavía desarmados.

Las primeras cajas.

Los cables.

Las manos trabajando.

Las banderas.

Rojo, amarillo y verde sobre la arena.

Después llegan los vinilos.

Los preamps.

Los micrófonos.

Los dubplates.

Los tres sound systems funcionando.

La noche.

El baile.

“Rastafari Army”.

“Sonidos de Liberación”.

Los amigos.

Las conversaciones.

Compartir con todos los soundmans y todos y todas los y las selectores, deejays, singjays y toasters.

La comida.

Los mantras steppers viajando por el valle.

El bajo llegando hasta la cama.

Y tres personas abrazadas mirando las estrellas.

Cuando regresamos atravesando nuevamente la Cordillera de los Andes, las mismas montañas que habíamos observado desde el avión unos días antes tenían ahora otro significado.

A la ida anunciaban algo.

A la vuelta guardaban algo.

Lo que quedó en la montaña

Quizá dentro de algunos años no recordemos exactamente a qué hora comenzó determinado set.

Tal vez olvidemos qué cable conectamos primero o cuál fue el último tune de una noche.

Pero hay otras cosas que probablemente permanezcan.

La cordialidad de aquella primera noche.

Las crews trabajando juntas.

El primer bajo después del montaje.

La posibilidad de sonar a través de tres sistemas diferentes.

La montaña devolviendo la sensación de aquella música durante la madrugada.

Los encuentros con compañeros de otros países.

Y la familia acompañando toda esa experiencia.

Por eso sería injusto describir el Sound Camp 2026 simplemente como un festival.

Durante tres días fue otra cosa.

Una comunidad temporal.

Un laboratorio sonoro.

Un encuentro sudamericano.

Una celebración de una cultura nacida en Jamaica y reinterpretada desde este lado del mundo.

Y también una confirmación.

Que después de tantos años construyendo, cargando, conectando, seleccionando y haciendo sonar música, todavía existe algo profundamente emocionante en colocar una aguja sobre un disco, levantar un fader y observar cómo personas provenientes de diferentes lugares empiezan a moverse frente a las mismas cajas.

En febrero de 2026 ocurrió en el Cajón del Maipo.

Tres sound systems.

Cuatro países.

DEEJAYS, TOASTERS, CANTANTES, SINGJAYS, SELECTORES , BOXMANS, PRODUCTORES, DUBSMAKERS, SOUNDMANS, SKANKERS, colaboradores...

TODOS JUNTOS EN UNIDAD¡

Cerca de 27 horas de música.

Pero lo verdaderamente importante no puede medirse en horas ni en watts o SPL.

Fue haber estado allí.

Haberlo construido juntos.

Haberlo sentido.

Y volver a casa sabiendo que del otro lado de los Andes existen compañeros empujando la misma cultura.

Sound Camp 2026.

Cajón del Maipo, Chile.


Ojala que en el 2027, pueda desarrollarse una nueva edición de este festival que engrandece a la cultura de los sistemas de sonido en latinoamerica.

Y si es viable puedan estar presentes todos los amantes y seguidores de esta cultura.

Recomiendo vivir esa experiencia.



DUBTRONIK SOUND SYSTEM — Selector Conciencia Represent. Argentina.

Sound System Culture.

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